El éxito es que mi vida me guste

Hay una frase que se me quedó pegada hace unos días, escuchando una charla con María Florencia. Le preguntaron qué era el éxito para ella, y respondió, con una tranquilidad casi desconcertante:

«El éxito es que mi vida me guste.»

Así, sin vueltas. Sin metas, sin números, sin el siguiente escalón. Y me hizo pensar cuánto tiempo de mi vida pasé esperando llegar a algún lado para empezar, recién ahí, a estar bien.

Porque eso es lo que hacemos casi todos, no? Vivimos un poco en diferido. Cuando termine este proyecto. Cuando me mude. Cuando tenga la pareja, el cuerpo, la plata, la calma. Y mientras tanto la vida pasa, pero como en segundo plano, como una cinta corriendo de fondo mientras nosotros esperamos el momento «verdadero».

María dice algo más, que viene de la mano de esto y que me parece todavía más lindo: yo estoy en mi vida siempre. Cuando estoy comprando una papa en la verdulería, estoy en mi vida. Cuando estoy haciendo un trámite que no me gusta, estoy en mi vida. Cuando estoy lavando los platos, estoy en mi vida. No hay un momento que sea «la vida posta» y otros que sean el relleno. Todo es esto.

Y si todo es esto, entonces lo único razonable es que me guste. No porque me convenga venderme una sonrisa forzada. No porque ahora la espiritualidad de Instagram diga que hay que vibrar alto. Sino porque, simplemente, qué otra cosa voy a hacer con mi tiempo acá? Esperar?

Hay algo muy honesto en pensar el éxito así. Te saca de la rueda de la comparación. De ese ejercicio agotador de mirar qué hacen los demás, cuánto les va, dónde llegaron. Si el termómetro es interno —si lo único que tengo que chequear es si esta vida me gusta— entonces el ranking se desarma. No hay con quién competir. Hay una sola pregunta, y la podés contestar vos, en silencio, cualquier martes a la mañana mientras te tomás el café.

Me gusta esto?

La pregunta no es ingenua. A veces la respuesta es no, y eso también está bien — quiere decir que hay algo para mover. Pero la pregunta cambia el juego. Porque pasás de perseguir un éxito que siempre está afuera y siempre está más adelante, a buscar uno que se vive acá, hoy, en lo más chiquito.

Te invito a probarla esta semana. No como una técnica, no como un mantra. Solo como una pregunta. En medio de cualquier cosa, parate dos segundos y preguntate: esto que estoy haciendo, esta vida que estoy viviendo ahora mismo, me gusta?

Y si la respuesta es que sí —aunque sea un poquito, aunque sea solo el café o la luz que entra por la ventana o el ruido de tu gente en la otra habitación— ya está.

Eso es éxito.